(A propósito de Star Trek *)
En algún momento de mi adolescencia decidí, por razones que no vienen a cuento aquí, que ya era grande para andar “leyendo historietas”. Lo pongo así, entre comillas, porque debería leerse con intención peyorativa: leer historietas era de nenes y yo ya había pasado esa etapa.
A los 35 años llegué a la conclusión de que leer comics (ya no se llamaban historietas) no era, necesariamente, una actividad infantil y que, de hecho, había muchas y muy buenas razones para seguir leyendo las revistas que tanto me habían fascinado de chico.
Lamentando los casi 18 años de tiempo perdido, decidí recuperar algo y comencé a buscar, primero en las librerías, luego en las recientemente aparecidas comiquerías (¡gracias, Gerardo, por permitirme ponerme un poco al día!) y finalmente, en Internet, aquello que me faltaba y que me permitiría ponerme al día.
De repente me vi envuelto en un mundo del que ya no entendía más nada. Cuando dejé de leer historietas, Lex Luthor era un científico malvado, Robin era Ricardo Tapia, Bárbara Gordon era Batichica y Johnatan y Martha Kent estaban muertos.
Read the rest of this entry »